Dani Robles

Al momento de contraer matrimonio ante la ley, deben escoger bajo qué régimen patrimonial van a regular los bienes que adquieran durante el matrimonio. Dos de las opciones que pueden tomar son el régimen de bienes separados y el de mancomunados. Ambas formas son válidas ante la ley, por lo que cada pareja escogerá el régimen que más les acomode e identifique.

Casarse ante la ley implica formar una sociedad con la pareja, similar a la que firman los socios en un negocio, por lo que deben quedar claros desde un principio los derechos que tendrá cada uno sobre los bienes que adquieran después de haberse casado. Si aún tienen dudas respecto de qué régimen escoger, a continuación les contamos en simples palabras en qué consiste cada uno:

Bienes separados o separación de bienes 

Es el régimen bajo el que cada uno conserva el dominio de los bienes que poseía antes de casarse y de los adquiridos durante el matrimonio, con facultades de administración totalmente independientes. La ventaja de este régimen es que, en caso que alguno de la tenga problemas económicos o esté en situación de embargo, el otro podrá socorrerlo.

Del mismo modo, tanto los hijos como algunos bienes obtenidos durante el matrimonio podrán estar a salvo si tan solo uno de la pareja es quien tiene algún problema derivado de la administración de sus negocios.

Si termina el matrimonio, el que no trabaje o posea menos bienes se verá desfavorecido. Hoy en día éste es el régimen por el que más optan los novios en nuestro país.

Mancomunados o sociedad conyugal

El régimen más antiguo de todos, y tiene como objeto la protección de la mujer y sus bienes, ya que al momento de la dictación del Código Civil las mujeres eran consideradas incapaces de administrar sus propios bienes. En términos simples, se trata de un régimen en el que todos aquellos bienes que los cónyuges van obteniendo durante el matrimonio pasan a ser de ambos, ingresando a un fondo común llamado “haber social”. Pero no todos los bienes ingresan a este fondo de igual manera, pues la ley diferencia entre los muebles (por ejemplo: el dinero o las acciones) o inmuebles. Los bienes muebles ingresan a este fondo común de forma relativa, en el sentido que el cónyuge que aporta al fondo común un bien mueble va a tener un crédito a su favor al momento de que la sociedad se disuelva, equivalente al valor de ese bien. Por su parte, los bienes inmuebles (por ejemplo: una casa) ingresan de forma absoluta al haber social, sin que el cónyuge aportante tenga un crédito por éste.

El marido es quien administra este fondo común, pero de manera bastante limitada, ya que para poder disponer (vender o hipotecar) de los bienes inmuebles comunes, necesita de la autorización expresa de la mujer. Sin embargo, este régimen permite a la mujer adquirir bienes sin que entren al haber común, pudiendo ella tener sus propios bienes separados del fondo común que tiene con su marido, ingresando a lo que se llama “patrimonio reservado”. Al momento de liquidar la sociedad conyugal, por ejemplo debido a un divorcio, el patrimonio común se divide en partes iguales entre los dos cónyuges.

En conclusión, y en términos generales, los bienes obtenidos antes del matrimonio pertenecen a cada uno, sin embargo, los bienes que se obtuvieron durante el matrimonio, son de dominio de los dos.

Bajo este régimen, si uno de los dos tiene problemas económicos o cae en deuda, los acreedores pueden dirigirse al haber común para conseguir el pago de lo adeudado, perdiendo ambos contrayentes lo que han obtenido durante el matrimonio.

En el caso que sea necesario, este régimen puede ser sustituido por el de separación de bienes.

Actualmente son pocas las parejas que optan por este régimen.

Si bien es muy claro en qué consiste cada régimen, no es posible decir cuál de los dos es mejor, ya que depende de las necesidades de cada matrimonio. Es más, nuestra legislación contempla una tercera opción, el llamado régimen de participación en los gananciales, aunque éste es usado por muy pocos matrimonios. Lo recomendable es que, sin importar el régimen que escojan, siempre se comuniquen sobre estos temas y logren formar un matrimonio sólido, basado en el apoyo y el respeto.