Además de intercambiar anillos de matrimonio, hay varias tradiciones que persisten de antaño, como usar un vestido de novia blanco, festejar con un gran banquete o alzar las copas de novios tras el primer brindis de recién casados. Son costumbres arraigadas a antiguas culturas, en las que también se mezcla mucho la superstición. De hecho, se cree que es de buena suerte que el esposo cargue a su mujer al llegar a la habitación donde pasarán su primera noche juntos. ¿Qué hay de cierto en eso? ¿De dónde viene esa tradición? Aclaramos todas sus dudas en las siguientes líneas.

Una costumbre romana

Gabriel Pujari
Gabriel Pujari

En la Antigua Roma, el pueblo era muy supersticioso en general y, en cuestiones del matrimonio, tenían una serie de ritos que terminaron siendo heredados por el mundo occidental contemporáneo. Entre ellos, la túnica blanca y velo que lucía la novia, la firma de contrato que realizaban los contrayentes, el beso al finalizar la ceremonia y el pastel de espelta que se comía durante el banquete, equivalente hoy en día a la torta de matrimonio, aunque con sus obvios cambios.

Todas estas tradiciones, propias de la ceremonia romana, evolucionaron y se mantienen vigentes hasta estos días. Sin embargo, también hubo muchas que se perdieron por no actualizarse a los nuevos tiempos, como contar con el consentimiento de los padres o sacrificar un animal en ofrenda a los dioses. Ahora, si hay otra costumbre que sí logró trascender, aun cuando se desconoce masivamente su significado, es que, tras intercambiar sus anillos de oro, el hombre cargue a la mujer en sus brazos al llegar a la habitación donde pasarán su primera noche de casados.

Cómo era el acto original

Hacienda Venus
Hacienda Venus

Tras finalizar el banquete, al caer la noche, en las bodas de la Antigua Roma la novia era escoltada entre antorchas por algunos invitados y músicos hacia la casa del novio. Se llevaban ramas de roble como símbolo de fertilidad, y se entonaban canciones con frases bonitas de amor y refranes picarescos. Entonces, llegados al umbral del nuevo hogar, la novia ofrecía plegarias e impregnaba de aceite las vigas de las puertas, a las que les ataba unas cintas de lana, símbolo de la virtud doméstica. Transcurrido aquello y ya lista para ingresar, era levantada por dos hombres integrantes del cortejo, quienes atravesaban el umbral cargándola para que sus pies no toparan el suelo. El novio, mientras tanto, que ya se había adelantado, la esperaba en el patio de la casa para completar otro rito de ofrendas, antes de dirigirse juntos al lecho nupcial.

Por qué la cargaban

Jonathan López Reyes
Jonathan López Reyes

Por esos años, los romanos creían poderosamente en los malos espíritus y estaban convencidos de que muchos de ellos se apostaban en los umbrales o entradas de las casas. Seres malignos que eran principalmente atraídos por las novias, a quienes deseaban dañar, celosos de tanta felicidad, lo cual hacían a través de las plantas de los pies. Por lo tanto, como una forma de proteger a la recién casada, los escoltas la cargaban en brazos, impidiendo así que al pisar el suelo pudiera caer en los designios de algún espíritu maligno. De hecho, el velo y las damas de honor cumplían la misma función.

Pero también había otra razón. Y es que los romanos creían que tropezarse era un augurio de mala suerte para el futuro del matrimonio, por lo que tomaban sus precauciones a través de esta acción. De lo contrario, se corría el riesgo de que la mujer se enredara en su vestido de novia sencillo -una túnica recta por esa época-, y cayera justo en el umbral, al momento de entrar al hogar. Si bien no era el novio quien originalmente cargaba a su esposa, la tradición fue mutando con el paso de los años.

Versión alternativa

Pilar Jadue Fotografía
Pilar Jadue Fotografía

Aunque es mucho menos popular, existe otra versión que intenta explicar este ritual y que tiene que ver con los Godos, que habitaron por allá por el 1490 A.C. Según cuenta la historia, los hombres de este pueblo germánico salían a buscar mujeres de tribus cercanas cuando en su poblado no había suficientes. Y ya que solo podían escoger entre las bravas, elegían aquella que más les gustaba como esposa y se la llevaban tomándola entre los brazos. Ello, pues para quedarse en propiedad con la mujer raptada, ésta no podía pisar el suelo durante el trayecto que iba desde el lugar del secuestro hasta su nuevo hogar. De lo contrario, la mujer quedaba en libertad.

Si comenzaron el camino hacia el altar con la entrega del anillo de compromiso, y son amantes de las tradiciones, puede que quieran culminar su gran día de esta forma, añadiendo algunas frases de amor para dedicar en ese momento tan especial.