Freddy Lizama Fotografías
Freddy Lizama Fotografías

Mientras que el origen del anillo de matrimonio se atribuye a los romanos y el del vestido de novia blanco, a la Princesa Philippa, en 1406, lo cierto es que la luna de miel tiene varios posibles orígenes. Eso sí, todos coinciden en que se trata de un periodo posterior al intercambio de anillos de oro entre el hombre y la mujer. Si les interesa saber de dónde viene este concepto tan romántico, sigan leyendo a continuación.

Pueblos nórdicos

Hay una teoría que se remonta al siglo XVI, entre los pueblos vikingos y que suele destacar entre las más aceptadas. Según cuenta la historia, por aquellos años se creía que las parejas recién casadas que querían tener un varón, debían beber hidromiel durante todo el mes lunar siguiente a su boda, para ser bendecidos por los dioses.

De ahí que se hablara de ese periodo como la “primera luna”, ligado directamente a la procreación de hombres, ya que eran ellos los responsables de la defensa de los territorios en épocas de guerra.

En la actualidad, se considera a la hidromiel como una de las primeras bebidas alcohólicas. Su preparación se basa en la fermentación de una mezcla de agua y miel, que alcanza cierta graduación alcohólica cercana a los 13°.

Cultura babilónica

Otra explicación, aún más antigua, se obtiene a partir de la cultura babilónica, específicamente hace más de 4.000 años. De acuerdo a esta teoría, era costumbre en ese imperio que el padre de la novia proveyera a su yerno de cerveza de miel, suficiente para beber durante un mes completo.

Por lo tanto, como el calendario babilónico se basaba en las fases lunares, se denominó a ese período como “luna de miel”. Para los babilónicos, la miel representaba también una ofrenda a los dioses, por lo que tenía un valor muy trascendental. Incluso, se le dedicaban frases de amor cortas en los cultos, pues los dioses exigían un alimento que no hubiera sido “manchado por el fuego”.

Antigua Roma

Por otra parte, en la Antigua Roma se consideraba que la miel era un vivificante de la fertilidad. Por esta razón, según sus creencias, en la habitación donde dormían los recién casados, la madre de la novia tenía que dejar una vasija con miel pura para que la comieran durante todo un mes.

Además de contribuir a la fertilidad, se creía que la miel los recargaba de energías tras el encuentro sexual. Y en el caso particular de las mujeres, también se ha escrito que usaban la miel con fines estéticos, para mantener la piel más suave y reluciente.

Cabe destacar que en la Antigua Roma también encuentra sus orígenes otra tradición nupcial: la torta de matrimonio. Se trataba de una masa de trigo, similar a un pan grande, que se rompía sobre la cabeza de la novia como símbolo de fertilidad.

Teutones

En plena Edad Media, en tanto, los teutones eran los habitantes de un pueblo, cuyo territorio actualmente forma parte de Alemania. De acuerdo a sus tradiciones, influenciados por la mitología germana, los matrimonios solo podían celebrarse en noches de luna llena.

Pero no solo eso, ya que en los treinta días posteriores al enlace, los recién casados debían alzar sus copas de novios y beber un licor de miel, que les garantizaría una vida dulce y una familia numerosa. Se conocía a éste como un licor afrodisíaco.

Siglo XIX

Y aunque el término “luna de miel” se había acuñado mucho antes de que tomara su significado actual, no fue hasta en el siglo XIX que comenzó a hacer referencia a un viaje de los novios. Esto, pues la burguesía inglesa instauró la costumbre de que los recién casados, después de la boda, viajaran para visitar a aquellos parientes que no habían podido asistir al enlace.

Mediante estas visitas, la pareja se presentaba formalmente como marido y mujer, exhibiendo sus argollas de plata y cumpliendo así con un asunto protocolar. Llegado el siglo XX, esta idea ya se había esparcido por toda Europa y, posteriormente, arribó también a América. Influyó en ello el avance de los medios de transporte y el surgimiento del turismo masivo.

Tuvieron que pasar varias décadas para que la idea evolucionara y fuera tomando el significado con que se conoce hoy por hoy. Eso sí, la espera valió la pena, ya que la luna de miel es de las mejores experiencias que puede vivir una pareja.

Un momento tan romántico como emocionante, solo comparable al primer beso, a la entrega del anillo de compromiso o al intercambio de votos con frases bonitas de amor. Sin duda, el primer viaje de muchos en su historia de a dos.