Piero, oriundo de Rancagua y Natalia, de Valparaíso, declaran ser muy distintos, pero a la vez, una pareja que se complementa a la perfección en los distintos ámbitos. De ahí que esta historia no pudiera tener otro que un final feliz.

Flechazo de verano

Se conocieron en el verano del 2013, cuando Natalia fue a hacer su práctica profesional de Agronomía a Rancagua junto a su amiga Javiera, que era de la zona. Piero, que en ese tiempo estudiaba Ingeniería Civil Industrial en Santiago, justo se encontraba de vacaciones cuando ocurrió el encuentro.

“Un día un amigo de Piero, Renzo, que era amigo de Javiera, nos invitó a carretear a la casa de Piero en Rancagua. Fue ahí donde lo conocí. Salimos solo dos semanas, porque estaba terminando el verano, así que el día antes de volver a Valparaíso me pidió pololeo”, recuerda Natalia. A partir de ahí pololearon cinco años a distancia, viéndose únicamente los fines de semana.

La pedida de mano

Luego de dos intentos fallidos, la pregunta definitiva llegó la tarde del domingo 7 de mayo del 2017, mientras paseaban por el parque Bicentenario, uno de los lugares favoritos de Natalia en la capital. “Lo noté muy nervioso, pero salió todo perfecto”, recuerda. En ese tiempo llevaban cuatro años de relación.

Desde entonces, empezaron a planificar el matrimonio entre ambos revisando sitios y foros de Internet, entre ellos, Matrimonios.cl; eso sí, contaron también con mucha ayuda de sus padres y hermanos. Les tomó un año completo culminar este proceso, aunque antes sellaron su unión por el civil. Lo hicieron el 3 de marzo de este año en Rancagua, con Javiera y Renzo como sus testigos de boda.

La celebración

Llegado el gran día, Piero y Natalia celebraron su ceremonia religiosa en la Iglesia Naval Nuestra Señora del Carmen, mientras que la recepción la ofrecieron en el Club Naval de Campo Las Salinas, Viña del Mar.

La pareja buscaba un lugar en la ciudad y central, que además fuera de fácil acceso, por lo que quedaron felices con la elección. Además, como casi toda la familia de Piero es de Quilpué y la de Natalia es de Valparaíso, eso les aseguró contar con la presencia de todos sus invitados.

Los detalles

El matrimonio estuvo lleno de bonitos detalles, en los que contribuyó mucho la familia de ambos novios, y donde tuvo un papel especial el padre de Natalia, quien se involucró lo más que pudo, debido a la emoción que le generaba que su única hija se fuera a casar. 

También fue protagonista de la preparación la hermana publicista de Piero, quien ayudó con el diseño del timbre para el kit anticaña, el seating plan, los números de las mesas, el cartel de bienvenida y los stickers para los recuerdos, entre otras cosas.

Por otro lado, junto a dos de sus hermanos en la guitarra, Piero sorprendió a su flamante esposa cantándole el romántico tema “Beautiful in white”, de Shane Filan.

Todos estos, momentos y emociones que quedaron perfectamente inmortalizados por el lente de Joaquín Hernández Fotografía, quien siguió cada paso de los novios, desde su preparación y declaración de votos, los detalles que hicieron de la celebración, una muy especial, hasta la fiesta con los invitados dándolo todo en la pista de baile. 

El outfit nupcial

Natalia lució un diseño sencillo con bellos apliques en bordado y pedrería, mandado a hacer a Pippa Novias. A cada una de las pruebas en Santiago, la acompañaron su mamá y primas, Michelle y Nicole, quedando la novia encantada con su vestido. Además, lució una larga cola que se robó todas las miradas.

Piero, en tanto, compró su traje en un local antiguo ubicado en una galería de Santiago Centro, donde fue muy bien asesorado por un sastre, logrando así escoger el traje perfecto.

Respecto a los accesorios, el ramo de novia de Natalia los confeccionó una compañera de trabajo, quien junto a su hija y tras al matrimonio de Natalia y Piero, abrió una tienda de ramos de flores en instagram.

El final perfecto

Así, Piero y Natalia consolidaron su amor con un matrimonio por el civil y por la iglesia, y con un broche de oro tan exótico como excitante.

Y es que la pareja se fue de luna de miel tres semanas a Tailandia y una a Japón, donde pudieron disfrutar de hermosas ciudades como Chiang Mai y Tokio. De este modo, pasaron de un santuario de elefantes y playas paradisiacas, a perderse entre las ajetreadas calles de la capital nipona.