Santiago y Nicole se conocieron en mayo del año 2015 en la misma parcela donde más tarde se casaron. Presentados por el padre de él, tan sólo cuatro meses de noviazgo les tomó para decidirse a dar el siguiente paso. Y, aunque fue un tema planteado y conversado por ambos, fue Santiago quien sorprendió con la propuesta a su futura mujer. “Le pedí con gran nerviosismo que fuese mi compañera de vida, mostrando mi interés de pasar mi vida entera junto a ella”, relató el flamante novio.

Completamente enamorados, decidieron casarse en la parcela de los padres de ella en Algarrobo, balneario de San Antonio ubicado en la Quinta Región. Siendo ambos amantes del campo, los animales y la vida al aire libre, eligieron darle al matrimonio un toque campestre y más bien relajado, con los pequeños detalles como grandes protagonistas de la celebración.

Para ello, enviaron invitaciones con flores prensadas y, para decorar el lugar, escogieron telas blancas y arpilleras, montaron un improvisado bar rústico, instalaron pizarras con frases significativas para ambos y colgaron pequeños frascos de vidrio con flores blancas en los árboles de los alrededores.

La música en vivo, en tanto, corrió por parte de sus amigos y así disfrutaron de la compañía de su gente más cercana, en una ceremonia que ambos se encargaron personalmente de organizar.

“El sello distintivo de nuestro matrimonio es que cada cosa fue hecha por nosotros con amor, por lo que el cariño y la dedicación creemos que se notó en todo lo que se hizo”, afirmó Santiago.

Y para estar a la altura de este momento tan especial, el novio lució impecable un calzado y traje negro, camisa blanca, y corbata y chaquetilla plateada, además de un pequeño ramo de flores en el botonier. Nicole, por su parte, deslumbró con un largo vestido de color coral, con encaje sobre la tela y sandalias negras. Y aunque apostó por el cabello suelto, le dio un toque especial a su peinado con una pequeña trenza con las mismas flores que el novio llevó en el bolsillo de su chaqueta.

Además, entre las locuras de último minuto, se les ocurrió llegar al lugar de la ceremonia montados a caballo. Un espectáculo hermoso para todos los invitados, pero no tanto para Santiago, quien recuerda ese momento como una anécdota que jamás olvidará. “Los nervios me comían vivo, la yegua estaba nerviosa y, para mí, tener que llevar las riendas y afirmar a la mujer de mi vida para que no se me cayera, fue todo un desafío que no había contemplado cuando acepté la idea de irnos a caballo”, detalló el festejado, agregando que sus rostros en ese instante eran la mezcla perfecta entre susto, nervios y felicidad máxima, siempre sonriendo par que nadie se percatara.

Y aunque enfrentaron intensos momentos de adrenalina, la satisfacción fue completa cuando bajaron del caballo y llegaron a ese lugar maravilloso donde los esperaba el altar; un bosque a la orilla de un tranque, decorado con flores y telas en tonos verdes, blancos y cafés. Fue el telón de fondo perfecto para la historia de un amor auténtico y fulminante, que promete mantenerse estoico hasta el último de sus días.

Por su parte, la productora audiovisual Digital Art fue la encargada de inmortalizar en imágenes este enlace campestre entre Santiago y Nicol; una pareja que cautivó desde el primer minuto a la fotógrafa responsable. “Para nosotros, cubrir este matrimonio se nos hizo algo realmente agradable. Todo mundo estaba relajado, se veía perfectamente bien planeado y organizado, los novios súper contentos y los invitados muy divertidos, además de que la comida estaba deliciosa”, comentó la profesional.

“Desde que los conocí, me di cuenta de inmediato del amor que tenían hacia los animales, en especial a los caballos y obviamente al campo. Fue en Algarrobo pero no vimos jamás la playa. Todo fue en la parte campo algarrobina que muy pocas personas conocen”, relató la fotógrafa, quien retrató con maestría y prolijidad cada instante de este romántico, colorido y rústico enlace nupcial.